jueves, 18 de noviembre de 2010

Lectura del día

Primera Lectura

Lectura del libro del

Apocalipsis del apóstol san

Juan (5, 1-10)

Yo, Juan, vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono, un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi un ángel poderoso, que gritaba con fuerte voz: “¿Quién es digno de abrir el libro y de romper sus sellos?”

Pero nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni ver su contenido.

Lloré mucho porque no había nadie digno de abrir el libro y de ver su contenido. Entonces, uno de los ancianos me dijo:

“Ya no llores, porque ha vencido el león de la tribu de Judá, el descendiente de David, y él va a abrir el libro y sus siete sellos”.

Vi entonces junto al trono, en medio de los cuatro seres vivientes y de los ancianos, un Cordero. Estaba de pie, y mostraba las señales de haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios, enviados por toda la tierra. Se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

Y al tomarlo, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero, con sus cítaras y sus copas de oro llenas de incienso, que significan las oraciones de los santos. Y se pusieron a cantar un cántico nuevo, diciendo:

“Tú eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste sacrificado y con tu sangre compraste para Dios hombres de todas las razas y lenguas, de todos los pueblos y naciones, y con ellos has constituido un reino de sacerdotes, que servirán a nuestro Dios y reinarán sobre la tierra”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 149

Bendito sea el Señor.

Entonen al Señor un canto nuevo, en la reunión litúrgica proclámenlo. En su creador y rey, en el Señor, alégrese Israel, su pueblo santo.

Bendito sea el Señor.

En honor de su nombre, que haya danzas, alábenlo con arpa y tamboriles. El Señor es amigo de su pueblo y otorga la victoria a los humildes.

Bendito sea el Señor.

Que se alegren los fieles en el triunfo, que inunde el regocijo sus hogares, que alaben al Señor con sus palabras, porque en esto su pueblo se complace.

Bendito sea el Señor.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (19, 41-44)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y contempló la ciudad, lloró por ella y exclamó: “¡Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz! Pero eso está oculto a tus ojos. Ya vendrán días en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán y te atacarán por todas partes y te arrasarán.

Matarán a todos tus habitantes y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no aprovechaste la oportunidad que Dios te daba”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Frente a los ojos de Jesús se encuentra la ciudad de Jerusalén; una ciudad que causa en él gran conmoción, tristeza y llanto, porque no es signo vivo de esa presencia santa, sino más bien la contradicción total, la ausencia misma de Dios, es decir, la ausencia de los valores del reino, el rechazo a la voluntad del Padre. Jerusalén no reconoce en Jesús la presencia real de Dios; está ciega; ha puesto sus intereses más profundos en lo económico, en el culto, en el poder político y religioso, dejando de lado el mensaje y la acción liberadora y misericordiosa de Dios efectuada en Jesús de Nazaret. Ha sido incapaz de comprender el verdadero camino que conduce a la paz, a la vida plena. Jesús visita la ciudad grande para traer la vida, para traer la salvación prometida por Dios no sólo al pueblo de Israel, sino al mundo entero, de lo cual la paz es signo visible. Como creyentes en Jesús tenemos el compromiso de generar en nuestras familias y en nuestras comunidades ambientes de paz, de reconciliación y de respeto mutuo, elementos que hacen visible en nuestra historia la presencia viva y cercana de Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario